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Ma El Ainin. “Agua de mis ojos” fue el nombre que le puso su madre al ser el único varón dando asi a entender que si lo perdia, sus ojos se secarían y quedaría ciega. Recupero de mi biblioteca la imprescindible obra Estudios Saharianos de Julio Caro Baroja, donde destaca la figura de Ma El Ainin y las razones por las que se levantó en armas contra la colonización del desierto, un territorio que se consideraba libre que no les pertenecía a ellos ni a nadie, pues era un espacio solo de Dios. La penetración francesa altera la economía tribal de las caravanas que vienen del Niger y conectan con Europa, el comercio de esclavos de los portugueses ahonda dicha fractura, pero Francia imponed su economía, su explotación de recursos minerales del desierto.
Ma El Ainin destaca desde niño por su fuerza física e intelectual y sus padres lo envían a estudiar a Marrakesch donde progresa sus estudios y su amor a la literatura. Peregrina a la Meca y entabla amistad con el viejo sultán Mulei Abderrahman que le transmite su sabiduría.
A la vuelta, se hace eco de los problemas de las cabilas con la colonización francesa y dotado de un creciente don religiosos y espiritual, capitanea los primeros enfrentamientos con los franceses y la ocupación del territorio libre del Sahara.
Funda Smara, la única ciudad en el desierto profundo. Un lugar casi inhabitable por su extremo calor y su entorno de pedregal negro como quemado por el sol. Levanta una mezquita y en su Alcazaba reúne una ingente biblioteca con 5.000 libros.
Los viajeros de las caravanas decían que Smara brillaba en la noche del desierto y su luz no venia de lamparas ni de hogueras. La leyenda de Smara viaja con las caravanas y con ello crece la santidad de Ma El Ainin. Las cabilas del desierto y rifeñas se unían contra los colonos solo con mencionar al Sultán Azul de Smara.
Desarrolla una intensa labor literaria y guerrera. Suya es conocida la cita “Iremos a combatirte con la cara descubierta, en igualdad de número. Sois ciento veinte; iremos ciento veinte…” con la que retó a las tropas francesas.
El Sultan de Marruecos, al que Ma el Ainin considera un títere de las potencias que ocupaban la ciudad libre de Tánger (Alemania, Francia, España…) maniobra contra la amenaza del líder guerrero y religioso y finalmente Smara es brutalmente destruida por la artillería gala, su biblioteca quemada (No hay biblioteca que se salve en un acto de guerra, de vil guerra de exterminio empezando por los libros)
Su ciudad santa duró tan solo 10 años, pero su leyenda aun perdura.
Conocí Smara en el 72 cuando era un joven de 16 años, recorriendo el desierto con mis padres y hermanos y ahí en Smara un respetable cheij de larga barba gris y de nombre Chacote (No recuerdo más) nos guió varios jornadas. Su presencia imponía, narraba historias al caer el sol mientras en el fuego, se asaba la caza de la jornada. Decían que era descendiente del mítico guerrero santo, fuese o no, lo parecía por su sabiduría y su ser.

Fueron los últimos dias antes de que el Sahara entrara en llamas por la traición de la administración española ejecutada desde los poderes oscuros de Madrid y otras capitales de potencias europeas (Paradojicamente para los movimientos izquierdistas de liberación, la única garantía de un futuro Sahara libre estaba en Carrero Blanco y Franco que retiradamente se habían negado a entregar el Sahara a Marruecos. Me consta que el ejercito español en el Sahara y buena parte de la administracion local estaban trabajando sobre la hipótesis de crear las condiciones para proclamar la independencia del Sahara siguiendo los protocolos de las Naciones Unidas y el alto consejo para la descolonización). Pero la historia es la que és, la de la infamia, la vergüenza y la traición con el pueblo saharaui.

Heritales. Entrega de premios. Presentado en la plaza ayuntamiento Evora el documental que en breve rodaremos en la universidad de Evora -mil gracias a la Cátedra CIDEHUS por el acuerdo suscrito y apoyo logístico-  luego seguiremos en la Lisboa de Pombal S.XVIII, la Universidad de Salamanca de Bartolomé de las Casas y Francisco de Vitoria, la Lonja de la Seda de Valencia y la influyente burguesía renacentista y humanista de Luis Vives , el Palacio Riofrio del Madrid  de Felipe V, y por fin Amazonia Bolivia donde la música del barroco compitió en esplendor con la misma naturaleza , y el Paraná (Paraguay, Brasil, Argentina) donde el humanismo del renacimiento favoreció que la Utopía de Platón y Tomas Moro fuese algo más que el sueño de un Estado justo de papel; sino que se formaron comunidades prósperas que duraron 150 años gracias al pacto entre los pueblos originarios guaraníes y los jesuitas. 

Más allá de que acabarán siendo destruidos por el absolutismo y la intolerancia de los imperios español y portugués, quiero poner el foco en la pervivencia y actualidad de ese humanismo que soñó Platón, que se gestó en los debates morales y jurídicos de la Universidad de Salamanca (1.500) y que por fin se hizo realidad para florecer en las tierras vírgenes de América, una experiencia que a todos (pueblos originarios guaraníes y españoles, castellanos, aragoneses, vascos, valencianos, catalanes, andaluces) nos serviría de guía para dejar de lacerarnos con el horror y tender puentes a la utopía que no es otra cosa que tolerancia, libertad y economía justa.

Para quien quiera seguirnos:

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Un blog de andanzas y telares.


Uno lee, otro espera, otro fuma, otro mira, y otro, ni mira. La vida está enfrente o hace tiempo que ha pasado de largo. Solos, los hombre solos tienen algo de Western, de esos personajes inmensos de John Ford, grandes en sus derrotas, ingenuos, asustados, valientes, y crepusculares como John Wayne en el dintel de la puerta de “The Searches” (Centauros del Desierto ) o ese otro que ya enajenado de tanta  batalla solo quiere sentarse en su mecedora con su pipa.

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Preparando el viaje a la Universidad de Evora invitado por Heritales para organizar los rodajes del documental Amazonia y Utopia en el que, historiadores portugueses expondrán la visión lusitana del conflicto fronterizo en el Paraná (Brasil, Paraguay, Argentina) donde estaban ubicadas las mas ricas misiones jesuitas. Conflicto que se resolvió con el Tratado de Lisboa (1750) en el que las monarquías absolutistas de España y Portugal optaron por expulsar a la orden y acabar con el poder creciente de la red de misiones jesuitas favorecidos  por el orden económico social pactado con los Guaraníes.