De la mujer en la sociedad Guarani pre colombina. En un documental raramente sabes cuando tienes que dejar de grabar porque te corroe la duda de que te queda algo por descubrir.

Pues algo así me ha pasado. Una serie de contactos concatenados me ha llevado a la que creo que es la única catedrática que ha dedicado su tesis a estudiar a la mujer Guarani antes y después de las misiones jesuíticas.

Cabe advertir que no se puede juzgar el papel de la mujer del siglo XVI con los ojos de ahora; pero eso no impide una mirada crítica.

Según el estudio de Rosa de la Universidad de Alicante, la mujer Guarani ocupaba un papel destacado en la sociedad indígena pre jesuítica (misiones) Ellas organizaban y dirigían los cantos y danzas de trance espiritual/místico -aun hoy, ellas, solo ellas, son las que marcan el ritmo golpeando el suelo con los enormes troncos de bambú- y la mujer del Cacique era la encargada de preparar la Chicha (bebida alcohólica resultante de la fermentación del maíz mascado y mezclado con la saliva) que bebía toda la comunidad.

La poligamia era natural al igual que las relaciones sexuales, el divorcio y el aborto . La mujer decidía su sexualidad y eso le daba su puesto en la comunidad.

Los jesuítas se ganaban a los guaraníes tras una negociación inteligente con los caciques. Toda adhesión era voluntaria ya que los jesuítas habían rechazado el sistema de Encomiendas (La corona otorgada tierras e indígenas como mano de obra a cambio de “cuidarlos y cristianizarlos”, en la práctica: abusos, violencia y trabajos forzados bajo la autoridad del encomendero castellano )

Los jesuítas renuncian a dicho sistema y lo primero que hacen es aprender el idioma lo que favorece la cercanía, luego ofrecen protección frente a las bandas de esclavistas, además de aprender oficios agrícolas o ganaderos, leer, escribir, música, artes, y por último establecen un sistema de reparto comunal en la que nadie queda desamparado -especialmente los más vulnerables: ancianos, viudas, huérfanos- y, muy importante, el cacique mantiene su autoridad y seguían rigiendo la comunidad. De esta forma se explica que tan solo dos o tres jesuítas llevarán reducciones de cientos cuando no miles de indígenas guaraníes.

Parece que por fin, los guaraníes encuentran su Tierra sin Mal.

A cambio deben abandonar sus costumbres nómadas y establilizarse en una tierra -los poblados o reducciones- y por último, cristianizarse. Dado que el Guarani es muy religioso en su orden natural, no encuentra dificultad en abrazar un nuevo rito religioso.

¿Pero que pasa con la mujer Guarani cuyo papel es muy activo en la sociedad pre jesuítica?

Por ejemplo, los guaraníes eran antropófagos (no caníbales) y en su orden natural se comían al guerrero enemigo por su fuerza y valor en él combate -jamás niños, etcétera y creo que tampoco se comerían a nuestros políticos cuyo único valor es nadar entre chanchullos, componendas, mentiras y similares habilidades de dudosa reputación- y era la mujer la que hacía el reparto de este rito antropófago que nos puede parecer muy brutal. Insisto mucho en el orden natural que regía las normas de los guaraníes; una mezcla de inocencia y belleza lo que no significa que fuesen simples e ingenuos pues eran guerreros muy, muy feroces.

Bueno, con el nuevo orden jesuítico la antropofagia queda prohibida, por supuesto, pero también el aborto, el divorcio y las relaciones sexuales libres. Además se les inculca nuevas danzas -procesiones- y por supuesto, se les viste, se acabó la desnudez. O sea se pasa a controlar, cuando no, anular ámbitos de la vida privada en las que la mujer Guarani tenía un especial protagonismo. Se teme a la sexualidad de la mujer Guarani -a todas dicho sea de paso – y se acota, delimita la sexualidad a una función reproductiva de tal manera que los jesuítas marcan un horario y un día para dicho ayuntamiento carnal. Sic!

A ello se une el tradicional papel secundario que la iglesia otorga a la mujer (la Eva del pecado y la tentación)

Esto provoca que muchas mujeres de caciques se rebelen y finalmente la tribu no acepte incorporarse a las reducciones. Entonces nace la figura de Los Irreductibles sin que necesariamente tengan que entrar en conflicto o guerrear con los guaraníes de las reducciones (aquí aún me faltan algunas averiguaciones).

Cabe destacar que en su labor misional, en la que uno o dos jesuítas iban de tribu en tribu proponiendo el pacto de las reducciones a veces las cosas iban bien y otras acabaron en la olla del poblado.

La inocencia del buen salvaje incluía que de repente podías estar en la mesa como comensal o como alimento. Se dio el caso de tribus que habían matado y comido al jesuita misioneros y luego, a los pocos meses aceptar y entrar en las reducciones como si no hubiese pasado nada. Había que echarle valor y ponerse en la piel de ellos, ya que es bueno reconocer a todas las partes.

El propio padre Montoya -figura clave en la historia de las misiones- se dio cuenta que se estaban comiendo al compañero desaparecido días antes.

Poco a poco se fue corriendo la voz por la selva de que la vida en las reducciones era más grata frente a las dureza de la jungla así que el experimento social fue aumentado a pesar de la pérdida de poder de la mujer.

La poligamia también fue prohibida por los jesuítas no sin quejas por parte de los caciques ya que, al ser la mujer del cacique quien debía preparar la chicha para la comunidad, él cacique se quejaba de que con una sola esposa no era posible mascar el maíz y escupirlo para que en su fermentación generara la bebida alcoholica vital para mantener el grupo en paz y armonía. (In vino veritas)

Bueno pues eso es más o menos sobre el destacado papel de la mujer Guarani pre colombiana y en las reducciones jesuíticas.

Vuelvo a insistir en que hay que mirarlo desde la óptica del siglo XVII y que, hasta donde sé los jesuítas fundan misiones con la libre aceptación de los indígenas y sin imponer violencia ya que, repito en honor a ellos, rechazaron el sistema de encomiendas. Su referente es los principios humanistas de los debates surgidos en torno a la Escuela de Salamanca y especialmente de las doctrinas de Francisco de Vitoria y su obra DE INDIS, todo un catálogo de derechos de los pueblos indígenas; no en vano, Vitoria se adelanta trescientos años y se le considera el padre del derecho internacional y la justicia universal (si, esa que Rajoy derogó para no molestar a los chinos)

Una vez más, la Leyenda Negra oscurece los avances en derechos humanos del pueblo español y casi nadie sabe de Francisco de Vitoria al que la Sociedad de Naciones (la ONU tras la I Guerra Mundial con sede en Ginebra) rindió homenaje dedicándole la bóveda con frescos de Sert

A modo de conclusión señalaré que en las grabaciones con las etnias he observado que la mujer tiene un gran papel activo, parece ser que ha recuperado terreno y que ellas con sus troncos de bambú vuelven a marcar el ritmo de estas danzas pre jesuíticas (Chicha para todos incluido aunque personalmente prefiero la uva pisada)

Que seáis felices y razonablemente buenos.

De la Guerra y lo Poetas. Cuenta Julio Caro Baroja en sus Estudios Saharianos, que en la época de las guerras del Sahel, era costumbre que cada bando, cada cabila, llevará en sus filas un bardo, un poeta, un “iggiu” que enalteciera los ánimos de los guerreros y ensalzara las grandezas propias de la cabila. En el momento culminante de la lucha sonaban las flautas de caña y los versos de los poetas de cada bando. 

Trato de imaginarme la escena pero excede a mis sentidos esa mezcla de feroces guerreros del desierto y poetas épicos.

Menciona la guerra de los Ergibat contra los Ulad bu Sbaa que fueron cantadas por tres poetas destacando el caso del poeta Ahmed Mahammud uld Zeidan, hombre de gran inspiración que no pudo lucirse al llevar su cabila la peor parte de la lucha, sufriendo por ello una gran humillación.