Cuenta H. G. Wells que un amigo le comenta a otro: todos los días paso por la puerta de un jardín abandonado y todos los días presiento que tras esa puerta está el fin de mis angustias, mi felicidad; pero tengo miedo de traspasar la puerta y comprobar que no hay nada, más que maleza.

Todos los días su amigo le repetía su duda. Cada vez que paso, siento que tras la puerta se esconde mi felicidad.

Un día el amigo ni llegó a la cita diaria. 

Pasaron las jornadas y el amigo seguía sin aparecer.

El hombre fue hasta la puerta y se dijo, si mi amigo ha encontrado la felicidad, yo también.  A punto  estuvo de traspasarla, pero renunció y se fue: No quiero ver a mi amigo muerto entre la maleza, no podría soportar que mi amigo no ha encontrado la felicidad.

Perdón por este resumen de tan profundo cuento que recomiendo vivamente. Espero haber creado interés y debate.

Todos tenemos una puerta que da a un jardín abandonado.