Que difícil es fotografiar la naturaleza. Seis horas en una canoa río arriba internándome en afluentes pequeños para escuchar los sonidos de la selva al atardecer. Había cerrado con el guía que no podía ir en grupo, que mi cámara y yo somos muy pesados y raritos. Rellena un contrato. Me explica que me llevará a un ramal del Amazonas estrecho muy lejos del tráfico de barcazas, donde ya llevó a un sonidista de Hollywood. Cuando alcanzamos el punto más lejano me veo internado entre lianas y vegetación flotante que no sé cómo ha podido ir sortearon con la canoa. Un árbol caído atraviesa de parte a parte. Es un puente, no podemos seguir, me dice. Volvemos a motor parado. El “silencio” de la selva es espectacular. Trata de explicarme de qué animal o ave es cada sonido, le agradezco su iniciativa y profesionalidad pero le indico que a no ser que tome apuntes, no me voy a acordar de nada y que además, me pisa el sonido del ave en cuestión. El guía sortea con la pala los troncos caídos sin hacer ruido. La barcaza se desliza lentamente y según cae el día, la selva se llena de sonidos. Es de una belleza mística, llegas a creer que has muerto y estas entrando en otro mundo, otra dimensión. Y aunque grabo y grabo estoy convencido que la cámara no podrá retener nada. Debería ser valiente y dejar de grabar pero no me atrevo. Soy cobarde y me muestro como un amante celoso o un niño ante la confitería. Acojona. Eres observado y no puedes ver nada tras el tapiz de vegetación. Ahora siento más cercanas esas pelis y novelas iniciaticas de río arriba como El Corazón de las Tinieblas, Aguirre, etc Echo en falta haber traído mejores micrófonos. Otra vez será. Trasladarse en mar abierto, es viajar; río arriba es una experiencia vital -que se lo digan al borrachin de La Reina de África, y aunque ya lo han contado los maestros, el tema se renueva. Tardamos una bendita eternidad en salir y retomar el Amazonas con su habitual tráfico de canoas de turistas y otras de nativos. Las miradas son muy distintas. Habrá que volver. El guía, me agradece no haber tenido que hablar y contar durante horas lo que los turistas iban a olvidar antes de la cena. El agradecimiento es mutuo, para todo lo demás, Wikipedia.

  
PRINCIPIO Y FIN. Sorprendente mural en el cementerio de Iquitos. Pues eso, más claro y didáctico imposible. Volvamos al turrón del principio. El hombre y su serpiente. Eva y su selva púbica. En la versión tradicional, si mal no recuerdo, es Eva y la serpiente quien tienta a Adan. (Eva, pecado, impura, excluida de… Qué visión, que manía!) Aquí, es Eva sílfide de la naturaleza y Adan rodeado de circunvalaciones tortuosas. Me creo más esta. Otro apunte. Los nichos en azul si son de hombres, en rosa, de mujer.