Lentamente repasando el guión, buscando el hueco donde poder contar solo con imágenes cosas en las que no  pasa nada o que lo que ocurra sea tan importante como un hoja de parra y un incipiente higo. Nada más. “Beatus ille”, verso de Horacio que el renacimiento tomó para ensalzar la vida sencilla en la campo. Atrás quedaba el medievo en el que Dios era el centro de todas las cosas. “Beatus ille qui procul negotiis”